
Navsuv. El resumen de la quincena
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El resumen de la quincena | 11-24.ago.2025
Monedas de cambio, ecos y máscaras de la memoria
¿Qué economías de la memoria habitamos y qué arquitecturas de captura dictan qué puede ser recibido, almacenado o transmitido? En las últimas semanas, mi escritura ha explorado cómo viaja el conocimiento a través de infraestructuras diseñadas para valorar ciertas formas mientras silencian otras.
Las bibliotecas, por ejemplo, se presentan como santuarios ajenos al intercambio, pero cada decisión relacionada con los procesos de adquisición o circulación son actos económicos. Los libros se convierten en la única moneda de cambio en este mercado oculto. Canciones, gestos, silencios o presencias no pueden donarse ni catalogarse copn exactitud, porque no existe un protocolo preciso para recibirlos. El resultado no es una ausencia de generosidad sino un sesgo material: en términos generales, sólo quienes pueden traducir su memoria en ISBNs o PDFs tienen derecho a participar. Todo lo demás permanece ilegible.
Este régimen literocéntrico no es el único. Más allá de la página, los trópicos revelan archivos hechos de sonido. El bosque zumba, los ríos murmuran, insectos y aves tejen polifonías que las comunidades han aprendido desde hace tiempo a interpretar como calendarios, advertencias o mapas. Escuchar puede ser en sí mismo una epistemología, una forma estructurada de conocer. Sin embargo, la escucha colonial extrajo esos sonidos y los depositó en bóvedas del Norte, despojándolos de contexto y recodificándolos en espectrogramas o taxonomías. Frente a ese "oído colonial", propongo prácticas decoloniales: recorridos sonoros definidos por protocolos locales, metadatos que registren dimensiones relacionales y cosmológicas, y la opacidad como un derecho — el reconocimiento de que algunas grabaciones no deben ser archivadas.
Tales reflexiones se extienden a la pregunta de qué podría llegar a ser una biblioteca si realmente escuchara. Imaginé instituciones que ya no traten el silencio como neutralidad sino como presencia cargada de sentido, y que comisaríen la resonancia con la misma atención con la que antes ordenaban libros. Allí, los metadatos deberían aprender a describir presagios, permisos y contextos relacionales, no sólo frecuencias y soportes. Y la bibliotecología debería abandonar su obsesión con la permanencia, abrazando en cambio la impermanencia y la negativa. La memoria se mediría entonces no por lo que se preserva, sino por lo que se permite resonar éticamente, y por lo que se deja en silencio a propósito.
La misma tensión aparece en los propios metadatos. Vocabularios como los Encabezamientos de Materia de la Biblioteca del Congreso aplanan mundos en términos "autorizados", despojando de multiplicidad a ríos, montañas o plantas. Sin embargo, los estándares pueden subvertirse. Por ejemplo, el marco más complaciente de la web semántica también puede ser torcido: etiquetas principales usadas irónicamente, etiquetas secundarias que cargan significados primarios, etiquetas ocultas que resguardan nombres rituales, y propiedades RDF personalizadas que codifican lógicas ceremoniales o estacionales. De esta manera, los metadatos se convierten en una máscara que satisface la interoperabilidad en la superficie mientras oculta epistemologías soberanas en su interior.
En conjunto, estos escritos insisten en que las infraestructuras del conocimiento —ya sean libros, archivos u ontologías— no son contenedores neutrales. Son economías de control, arquitecturas de captura y máquinas de traducción. Comprometerse críticamente con ellas no es simplemente exponer sus sesgos sino imaginar lo contrario: monedas de cambio que no sean libros, archivos que no sean silenciosos, metadatos que rehúsen la captura. Sólo entonces la memoria podrá seguir respirando en formatos y presencias que escapen al comercio, la taxonomía y el encierro.
Navsuv ofrece una síntesis quincenal de mi trabajo: entradas de blog, notas críticas, artículos, documentos de archivo y otros materiales. No es un mero resumen: es un hilo editorial que traza cómo cada pieza encaja en un paisaje en transformación, hecho de memoria, crítica y resistencia.
El nombre proviene de la lengua de los Sivdara, un pueblo ficticio que forma parte de un proyecto personal más amplio: un continente imaginado como espacio para explorar el conocimiento, la memoria y la tensión entre la presencia y el olvido. En su idioma, navsuv nombra los puentes colgantes de cuerda y paja usados para cruzar los estrechos valles entre las montañas: caminos efímeros pero perdurables, tendidos entre mundos. Como esta sección.