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Archivística ecosemiótica desde el bosque nublado (04)

El bosque nublado no archiva

Notas sobre memoria relacional

 

Cuando el musgo solo habla bajo la llluvia

En el bosque nublado altoandino, los musgos registran la lluvia sin archivarla.

Su respuesta al agua es fisiológica, no simbólica. Reaccionan a la hidratación mediante una serie de ajustes bien documentados: la turgencia celular se altera, la rigidez y la compresibilidad cambian, y la pigmentación se modifica ligeramente según el contenido de agua. Estos no son registros en el sentido documental de la palabra. Son cambios de estado: correlaciones medibles entre un organismo y su entorno inmediato.

Estos estados persisten solo mientras las condiciones que los generaron se mantengan. Retirado de su ambiente, el musgo se seca. Y la información se desvanece.

Este proceso resulta de interés porque revela cómo algunos datos —ambientales, en este caso— se mantienen totalmente legibles dentro de un ecosistema determinado mientras, al mismo tiempo, se resisten a subdividirse en unidades discretas y aisladas. En términos informacionales, la hidratación del musgo depende directamente del sustrato, el microclima y el ritmo temporal. Si el organismo es removido de su entorno, se seca o se descontextualiza, el fenómeno deja de existir de forma interpretable. Pero no desaparece porque es inestable: lo hace porque es relacional.

Esta forma de inscripción ambiental resulta fundamental para la archivística ecosemiótica. El musgo no codifica datos: se convierte, él mismo, en información —aunque sea de forma momentánea— y lo hace gracias a la convergencia de factores externos como luz, agua, aire y sustrato. El significado no surge del contenido incrustado, sino de la participación condicional. No hay un objeto que describir: el fenómeno en sí —el musgo húmedo— es el único estado legible. Fuera de él, nada permanece.

Aquí, la memoria no es metáfora. Pero tampoco es archivo. Es correlación: transitoria, situada y continua solo mientras se preserva el ritmo ecológico. Documentar tal proceso es reconocer que cierta información existe no porque permanece, sino porque es capaz de responder.

 

Información que muere al ser movida

La epistemología que subyace a las prácticas documentales dominantes se basa en el supuesto de que el contenido puede separarse del contexto, describirse de forma aislada y reubicarse sin pérdida ontológica alguna.

La descripción, la clasificación, los esquemas de metadatos y los protocolos de preservación dependen de esta separabilidad: extraen un documento definible —analógico o digital— de su entorno, lo estabilizan / preservan y le añaden unos atributos que, se presume, siguen siendo válidos más allá de su espacio de origen.

Este supuesto se derrumba ante la lógica de la hidratación del musgo (y la de muchos otros fenómenos biológicos y ecológicos presentes en el bosque). Aquí el contexto no es accesorio: es estructural. Factores como la presencia de agua, la densidad del aire, los patrones de lluvia, las tasas de evaporación, la densidad del dosel y la capacidad de absorción de la corteza o la hojarasca circundantes no pueden ser eliminados sin destrozar, al hacerlo, las condiciones mismas que hicieron que el musgo fuera legible.

En la teoría archivística, los objetos se consideran portadores primarios de significado, y el contexto se limita a jugar un papel de apoyo interpretativo. Los procesos ecológicos invierten esta lógica: lo que se interpreta puede no ser más que una alineación temporal de las condiciones contextuales. La hidratación del musgo informa porque está materialmente inmersa en las condiciones que la generaron.

La archivística ecosemiótica desplaza la atención del objeto al evento, y de los portadores de significado a las configuraciones y contextos.

 

La preservación como ciclo

En la práctica archivística convencional, la preservación es un acto de estasis. Los documentos se estabilizan controlando la temperatura, la humedad, la luz y la degradación. El cambio se considera una amenaza; la fijeza, una forma de protección.

Las dinámicas del bosque nublado ofrecen un modelo diferente. Allí, "preservación" no es "resistencia al cambio" sino "transformación regulada". Los ciclos de hidratación del musgo, por ejemplo, no se mantienen estáticos: se mantienen activos mediante una recreación cíclica que incluye lluvia, absorción, evaporación y reposo. Si la niebla, la sombra y el viento persisten, también persiste la memoria, no porque se almacene sino porque se mantiene.

En términos formales, nada se archiva. Y, sin embargo, el musgo registra y "recuerda" a través de su capacidad de respuesta. Esto no es una metáfora. Es ontología: inscripción sin registro, persistencia sin estasis, y memoria como continuidad de las condiciones de partida.

Todo esto trastoca la lógica de la preservación cultural. Propone un modelo en el que la legibilidad a lo largo del tiempo no se asegura mediante el aislamiento, sino mediante la inmersión. El musgo conserva su significado no porque esté protegido, sino porque se mantiene presente.

 

Significadeo que solo existe en el sitio

El musgo ofrece una forma de memoria a la que no se puede acceder bajo demanda. No es una unidad, no se puede consultar, y se resiste a la catalogación. Su interpretación requiere una inmersión directa en las condiciones que lo generaron. El significado no se extrae de un símbolo; emerge de una situación donde la información es ambiental, está distribuida y es sumamente fugaz.

Esto evoca ámbitos del conocimiento humano donde el significado depende de la estructura, la corporeidad y la continuidad: por ejemplo, paisajes sonoros, memoria oral, prácticas culinarias o gestos rituales. Estas formas se resisten a la "preservación basada en el objeto / registro" porque extraerlas de su entorno destruye la condición misma que las hace interpretables.

Sin embargo, en archivos y bibliotecas, donde tales epistemologías basadas en el objeto / registro son predominantes, estos entornos orales, corporeos, etc. suelen descartarse por ser efímeros, indocumentables o improcesables. El musgo, sin embargo, deja en claro que estos problemas no implican un fracaso epistémico. Se trata, simplemente, de una divergencia epistémica.

Existen elementos cuya legibilidad no depende de su forma, sino de su presencia. El bosque no preserva el musgo en un estado legible; sustenta las condiciones que permiten que el musgo se vuelva legible. Este es un acto archivístico, pero realizado por la niebla y el sustrato, no por servidores y personal especializado.

La archivística ecosemiótica utiliza un vocabulario de relacionalidad. Con ella, el archivo deja de ser un depósito de objetos y se convierte en un medioambiente de significados situados.

 

Bosque nublados y los límites de los registros

La memoria ambiental distribuye la información a través de estados, gradientes y relaciones, no de objetos o unidades. Sobrevive solo gracias a la integridad relacional. Es interpretable únicamente por reinmersión. Y no puede estabilizarse / preservarse sin deshacerse.

El musgo enseña esto con delicadeza: no toda la memoria puede convertirse en un registro. No toda la información puede extraerse de su entorno y aislarse. No toda preservación es compatible con la estabilización. Los metadatos del bosque no se catalogan; se filtran, absorben, reconstituyen y olvidan por otros medios.

Esto desafía los fundamentos de los sistemas de memoria centrados en el registro: que el conocimiento debe estar unificado, que la legitimidad requiere recuperabilidad, o que la memoria debe estar fijada para perdurar. El bosque nublado ofrece un contramodelo; no poético, sino operativo. Muestra que ciertos tipos de conocimiento —ecológico, corpóreo, procedimental— son duraderos y legibles solo dentro de los sistemas que los generan. Abstraerlos en formas fijas compromete su significado.

Las implicaciones para la teoría archivística y bibliotecaria son concretas. La legitimidad no debería limitarse a lo que se ajusta a un paradigma basado en registros. Los ecosistemas demuestran que un significado puede ser coherente, persistente y consecuente aún cuando no se pueda indexar.

El musgo bajo la lluvia muestra que cierta información no se puede estabilizar, que algunos recuerdos no se pueden mover de su sitio, y que ciertos significados desaparecen en el momento en que uno intenta aferrarse a ellos.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.
Fecha de publicación: 28.11.2025.
Foto: ChatGPT.