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Saberes y memorias silenciadas en los trópicos (03)
Trabajo de campo bajo ocupación
Ciencia, territorio y poder en los trópicos
La infraestructura colonial de la ciencia
La imagen del naturalista solitario que recorre paisajes tropicales inexplorados ha cautivado durante mucho tiempo la imaginación científica.
Sin embargo, esta narrativa se desmorona cuando se analiza más de cerca. El trabajo de campo en las regiones colonizadas nunca fue un acto aislado y apolítico. Desde el siglo XVIII hasta principios del XX, las expediciones científicas a espacios tropicales solían estar integradas dentro de infraestructuras coloniales más amplias. Los naturalistas a menudo contaban con el apoyo logístico y militar de las redes imperialistas, y viajaban con la ayuda de soldados, misioneros, administradores coloniales o agentes comerciales. Lejos de ser observadores neutrales, estos científicos operaban dentro de las estructuras de poder asimétricas del colonialismo, y a menudo se beneficiaban de ellas.
La presencia de herramientas científicas como barómetros, microscopios y manuales taxonómicos no sustituyó ni neutralizó la presencia de armas de fuego, banderas nacionales y ambiciones territoriales. En muchos casos, el trabajo de campo formaba parte de una doble misión: recopilar datos empíricos y reforzar las reivindicaciones territoriales. La exploración científica no sólo cartografió ríos y especies, sino también fronteras coloniales y oportunidades económicas. Los investigadores contribuyeron a la gobernanza colonial produciendo información que podía utilizarse para gestionar, clasificar y extraer valor tanto de los territorios como de la gente que los habitaba.
Esta relación entre ciencia e imperio no fue fortuita. Configuró las metodologías de la investigación de campo, las prioridades en la recopilación de datos, y las formas de conocimiento que entraron en los archivos institucionales. El trabajo de campo en los trópicos estuvo estructurado por la ocupación, no sólo del terreno, sino también del espacio epistémico.
Recopilación de paisajes: De los datos a la dominación
La recolección de especímenes fue una de las formas más visibles del trabajo científico en paisajes tropicales.
Sin embargo, el acto de recolectar plantas, animales, minerales y suelos rara vez fue una tarea neutral o puramente académica. Estos especímenes se extraían de espacios cuyos significados, usos y relaciones ya estaban integrados en los sistemas de conocimiento locales. Cuando se recolectaban en condiciones coloniales, a menudo se sacaban de sus contextos epistemológicos originales y se reclasificaban según taxonomías extranjeras. Los nombres, usos y asociaciones culturales locales solían excluirse del etiquetado científico o se tachaban de anecdóticos.
El acto de renombrar —asignar binomios latinos, designar zonas ecológicas o numerar artículos para los catálogos— no fue solamente un gesto de clasificación científica. Fue un acto de poder que borró las prácticas de denominación y los sistemas de conocimiento anteriores al contacto colonial. La transformación de una planta medicinal en un compuesto farmacéutico, o de un bosque en una serie de especímenes conservados en un herbario europeo, significó, por lo general, el desplazamiento de ontologías enteras. El conocimiento se tomó, se reformuló y se reivindicó.
Los propios instrumentos científicos contribuyeron al proceso de dominación. Las brújulas y los sextantes facilitaron la cartografía colonial. Los equipos de topografía ayudaron a trazar las fronteras políticas. Los diagramas y tipologías elaborados por los antropólogos se utilizaron para justificar las jerarquías raciales y las narrativas civilizatorias. En este contexto, el trabajo de campo científico funcionó como un mecanismo de extracción epistémica, un proceso paralelo, y a menudo justificado, a la extracción económica y política ya en marcha.
Colaboradores silenciados y epistemologías borradas
Una mirada atenta a los materiales de archivo —diarios de viaje, etiquetas de herbario, informes de campo— revela un patrón de exclusión sistemática. Mientras que los nombres de los científicos, financiadores e instituciones europeas se conservaron meticulosamente, las contribuciones de los colaboradores locales a menudo se anonimizaron o se omitieron por completo. Los guías, porteadores, traductores y expertos indígenas que aportaron datos biológicos, técnicas de navegación e identificación de especies aparecen, si acaso, como "nativos" o "informantes" genéricos. Su labor intelectual, incorporada a las prácticas orales, las técnicas corporales y la interpretación del entorno, quedó invisibilizada.
Este borrado no fue accidental. Se inscribió en la lógica científica y archivística de la época, que privilegiaba la autoridad escrita, la acreditación formal y la afiliación institucional. Los conocimientos locales rara vez se consideraban válidos a menos que estuvieran mediados por marcos occidentales. Como resultado, el registro histórico excluyó o marginó sistemáticamente a las mismas personas que hicieron posible la ciencia tropical.
Debido a este silenciamiento estructural, el archivo se convirtió no sólo en un espacio de memoria, sino también de olvido. La forma del registro reflejó dinámicas más amplias de poder, autoría y legitimidad.
El legado en las instituciones contemporáneas
En la actualidad, muchas de las colecciones generadas por el trabajo de campo colonial se mantienen en instituciones científicas del Norte Global. Dentro de ellas se incluyen no sólo especímenes físicos, sino también descripciones, ilustraciones y datos medioambientales que siguen sirviendo de base a las investigaciones contemporáneas. Sin embargo, las condiciones epistémicas en las que se produjeron estos materiales permanecen en gran medida sin examinar. Las fichas de herbario, los catálogos y las notas de campo rara vez incluyen metadatos sobre el contexto social y político de la recolección. Los nombres de los colaboradores indígenas, cuando se conocen, a menudo se excluyen de las bases de datos o se indexan bajo categorías raciales obsoletas.
Los esfuerzos por descolonizar bibliotecas, archivos y museos deben ir más allá de gestos simbólicos o reconocimientos superficiales. Deben abordarse cuestiones estructurales: ¿Cómo reintroducimos las voces excluidas en los sistemas de catalogación? ¿Cómo marcamos y contextualizamos la procedencia colonial? ¿Cómo pueden los marcos de metadatos dar cabida a ontologías y sistemas de conocimiento múltiples, especialmente los que no se ajustan a las normas bibliográficas occidentales?
Además, el acceso sigue siendo una cuestión crítica. Las colecciones procedentes del Sur Global son a menudo inaccesibles para las comunidades de las que proceden, ya sea por la distancia física, las barreras digitales o las limitaciones lingüísticas. Descolonizar el trabajo de campo significa no sólo recuperar los nombres perdidos, sino también transformar el acceso, la atribución y la autoridad.
Hacia un trabajo de campo ético y colaborativo
De cara al futuro, el reto consiste en imaginar un trabajo de campo que no se base en la extracción, sino en la colaboración. Esto requiere algo más que protocolos y formularios de consentimiento: exige un cambio fundamental en la forma de conceptualizar la producción de conocimiento.
El trabajo de campo ético debe comenzar con relaciones recíprocas, objetivos transparentes y autoría compartida. Debe reconocer que los entornos estudiados no son fondos pasivos, sino archivos vivos, y que las personas que los habitan no son sujetos, sino coinvestigadores.
Este cambio también redefine el papel de las instituciones científicas. En lugar de actuar como depositarias del conocimiento colonial, deben convertirse en espacios de reparación epistémica, lugares donde se reconozcan las injusticias históricas y se hagan visibles narrativas alternativas. Para ello hay que adoptar epistemologías plurales, reconocer los conocimientos orales y corporales, y hacer frente a las estructuras de archivo que siguen silenciando las aportaciones no occidentales.
Si entendemos el trabajo de campo tropical como una práctica históricamente situada y moldeada por el poder, estaremos mejor equipados para desmantelar los supuestos que aún sustentan nuestros registros científicos. Sólo entonces podremos avanzar hacia un modelo de ciencia que escuche, aprenda y coexista, en lugar de conquistar.
Acerca de la entrada
Texto: Edgardo Civallero.
Fecha de publicación: 01.04.2025.
Foto: Ceiba en el Parque Natural Metropolitano, Ciudad de Panamá, Panamá. @ Edgardo Civallero 2025. © Edgardo Civallero, 2025.