La forma de la memoria (09)

Inicio > Blog Bitácora de un bibliotecario > La forma de la memoria (09)

La forma de la memoria (09)

Los colofones armenios y la labor de recordar

Copistas, mecenas y la elaboración de manuscritos medievales

 

Este post forma parte de una serie que explora las múltiples formas en que las sociedades humanas han almacenado, transmitido y transformado la memoria a lo largo del tiempo, más allá de las historias restringidas centradas en los libros y la escritura. La serie aborda los archivos, los documentos y los sistemas de memoria como tecnologías históricamente situadas, moldeadas por relaciones de poder, condiciones materiales, ecologías y cosmovisiones culturales, y examina formas de transmisión frecuentemente excluidas de las narrativas dominantes sobre alfabetización y preservación: tradiciones orales, patrones tejidos, estructuras musicales, performances rituales, paisajes, cuerpos y otras infraestructuras vivas de la memoria.. Todas las entradas de esta serie pueden consultarse en el índice de esta sección.

 

Una mujer llamada Sabah

En 1432, en la ciudad armenia de Arčēš, cerca del lago Van, un sacerdote llamado Karapet copió un Maštoc', un manuscrito que contenía ritos y ceremonias de la Iglesia armenia. Cerca del final del libro, un extenso colofón registró los nombres de quienes habían contribuido a su creación. Entre ellos figura una mujer llamada Sabah. Su contribución había sido el papel.

Sabemos poco más sobre ella. El registro no indica si fabricó el papel, lo compró o lo obtuvo de otra persona. Pero alguien que participó en el encargo del manuscrito quiso que su contribución fuera recordada.

El colofón también menciona a Mkrtič', el erudito clérigo que encargó el libro; a Karapet, su principal copista; a Yovhannēs, que contribuyó a la escritura; a Hayrapet, que lo encuadernó; a Minas, que lo ilustró; y a T'ovma, que proporcionó el ejemplar a partir del cual se copió el texto. Estos nombres convierten al manuscrito en testimonio de una empresa colectiva, sostenida por materiales, conocimientos especializados, mecenazgo y relaciones personales.

El libro se conserva como manuscrito 62 en el Pontificio Collegio Armeno de Roma. Su colofón, en los folios 174v–175v, ha sido estudiado por Anna Sirinian. Sin ese registro, la escritura, la decoración y la encuadernación del manuscrito podrían revelar algo sobre su fabricación, pero no las identidades de muchas de las personas que la hicieron posible.

Sin embargo, el colofón hace algo más que decirnos quiénes estuvieron allí. Muestra a quiénes consideró alguien que merecía la pena recordar.

 

Escribir el recuerdo

El término armenio yišatakaran, habitualmente traducido como "colofón", tiene el sentido de monumento conmemorativo o recuerdo. Estos textos solían escribirse al final de un manuscrito, aunque también podían aparecer después de determinadas secciones o en los márgenes. La tradición está documentada en manuscritos armenios conservados desde el siglo IX por lo menos, y adquirió una extensión considerable en los siglos posteriores de la Edad Media.

Un colofón podía mencionar al copista, al mecenas, el lugar y la fecha; identificar a las autoridades políticas o eclesiásticas de la época; elogiar a quienes habían prestado ayuda; y pedir a los futuros lectores que rezaran por ellos. Algunos ocupaban unas pocas líneas. Otros se convertían en elaborados relatos de devoción religiosa, relaciones familiares, dificultades o acontecimientos contemporáneos.

Su lenguaje solía ser convencional. Los copistas se describían a sí mismos como pecadores o incapaces, elogiaban a sus mecenas y empleaban oraciones y fórmulas establecidas. Como ha demostrado Sirinian, los colofones seguían patrones reconocibles sin ser idénticos. Un manuscrito copiado en Jerusalén en 1476 contiene incluso un modelo de colofón con espacios reservados para insertar nombres y fechas.

Esas convenciones tenían una finalidad. Los libros se encargaban como ofrendas devocionales, donaciones a iglesias y memoriales dedicados a familiares, incluidos los ya fallecidos. Registrar un nombre invitaba a los futuros lectores a recordar a esa persona en sus oraciones. El colofón se dirigía a personas que todavía no habían nacido.

En el Maštoc' de 1432 hay una complicación reveladora: Yovhannēs escribió el colofón, pero su voz principal pertenece al mecenas, Mkrtič'. El hombre que sostenía la pluma y la persona que hablaba a través de las palabras eran distintos. Mkrtič' elogió a quienes habían trabajado en su libro e incluyó sus nombres en un registro configurado por sus propios propósitos religiosos y conmemorativos.

La presencia de Sabah es valiosa precisamente porque fue fruto de una selección. Podemos identificar su ayuda, pero no suponer que todos los proveedores, aprendices o artesanos recibieron el mismo reconocimiento. El colofón preservó nombres y organizó un relato particular acerca de quiénes debían ser recordados.

 

Las condiciones de la copia

Las personas que estaban detrás de los manuscritos no siempre recibían el trato generoso que sugerían las oraciones conmemorativas.

En 1419, Grigor Axalc'xec'i terminó un manuscrito en el monasterio de Hermon. Su colofón, examinado extensamente por Avedis Sanjian, está lleno de frustración. Grigor era un larip, un forastero que vivía lejos de su hogar. Las plagas de langostas habían devastado la región circundante, el refectorio del monasterio había dejado de funcionar y las relaciones entre sus habitantes se habían deteriorado.

Grigor se quejaba de que otros monjes tenían celdas, comida y ayudantes, mientras que a él lo excluían una y otra vez. En una ocasión pasó hambre hasta el anochecer y recibió solamente un pepino, que rechazó. También tuvo dificultades para conseguir acceso al ejemplar que necesitaba copiar: otros estudiantes competían por los mismos textos y su maestro distribuía las secciones de manera desigual.

Finalmente, una familia de fuera del monasterio comenzó a enviarle comida. Grigor dejó constancia de su bondad y afirmó que había terminado el manuscrito en setenta y cuatro días.

Su relato no es un informe imparcial sobre la vida monástica. Estaba enojado y utilizó su colofón para dejar constancia de sus agravios. Pero esa es, en parte, la razón de su valor. Pone de manifiesto la dependencia práctica de un copista respecto de la comida, el alojamiento, los materiales de escritura, el acceso a los ejemplares y la cooperación de otras personas. También muestra a un escritor que utiliza el manuscrito para defender su propio trabajo ante los futuros lectores.

Otros copistas registraron problemas con la tinta, el papel, las enfermedades o los ejemplares poco fiables. En 1458, Yohanēs rechazó las críticas a su tinta y culpó al papel, que no había sido preparado adecuadamente. Otro copista describió cómo alternaba entre varios libros mientras se secaban las páginas. Estos detalles ayudan a reconstruir los procedimientos cotidianos de la copia, que los manuscritos terminados rara vez explican por sí solos.

 

Un libro llevado en medio de la guerra

Los acontecimientos históricos podían quedar registrados en un colofón porque interrumpían la elaboración de un libro.

En 1469, Matt'ēos copiaba un comentario sobre las epístolas de Sargis Šnorhali en medio de un conflicto bélico. Su relato menciona a los gobernantes que se sucedían y describe su propio desplazamiento. Llevó consigo el manuscrito inconcluso mientras huía de un lugar a otro, hasta que finalmente permaneció en Elivard, cerca del monte Ara, en una situación de absoluta incertidumbre.

El colofón hace que la producción del libro resulte inseparable de su recorrido. Un manuscrito comenzado bajo un régimen político seguía copiándose bajo otro; sus páginas acompañaron al copista durante aquellos trastornos.

En 1352, Kirakos Albakec'i pidió a los lectores que disculparan la calidad de su caligrafía. El miedo le había hecho temblar la mano, explicó, y las dificultades para conseguir papel habían acompañado la interrupción de su trabajo. Estos detalles no convierten a los colofones en crónicas transparentes. Los copistas medievales podían exagerar, recurrir a explicaciones religiosas para las calamidades o repetir informaciones sobre acontecimientos que no habían presenciado. Sus relatos deben compararse con otras evidencias.

Aun así, conservan algo que una historia política formal puede pasar por alto: lo que los trastornos provocados por aquellos acontecimientos significaban para el proceso de elaborar un libro.

 

¿Quién permanece en el registro?

El recuerdo no era exhaustivo ni permanente. Un manuscrito copiado en 1266 por Yovhannēs Erznkac'i mencionaba originalmente a un maestro relacionado con su encargo. Aquel nombre fue borrado posteriormente. El colofón había sido escrito para preservar una relación, pero otras manos modificaron lo que los lectores posteriores podrían llegar a saber.

El Maštoc' de 1432 tuvo su propia y complicada historia posterior. Łewond P'irłalēmean transcribió su colofón en el monasterio de Gomk', cerca de Bitlis, en 1881. Más tarde, el manuscrito desapareció de la vista de los investigadores, hasta que fue identificado en Roma en 2000. La comparación del original con las ediciones anteriores reveló pasajes omitidos, incluidos detalles sobre el libro y las personas que habían participado en su producción.

Los editores también tomaban decisiones acerca de qué merecía atención. La influyente colección publicada por Sanjian en 1969 seleccionó pasajes históricos de un corpus mucho más amplio de colofones armenios, especialmente aquellos relacionados con la historia de Oriente Medio. Su trabajo puso a disposición de los lectores de lengua inglesa testimonios que de otro modo habrían resultado inaccesibles, pero no pretendía reproducir íntegramente cada colofón. En ocasiones, los editores anteriores habían excluido oraciones y lenguaje formulaico por considerarlos carentes de información histórica.

Esas frases omitidas importan si nuestra pregunta es cómo se organizaba la memoria. Una oración que aporta poco a una cronología militar puede revelar la relación entre un mecenas, un copista y los lectores a quienes ambos esperaban llegar. La investigación académica cambia a medida que cambian sus preguntas, y con ella cambia también la evidencia documental que pone de relieve.

El colofón sobrevive a través de varias capas de selección: primero, la de su autor medieval; después, las de sus propietarios y copistas posteriores; y, finalmente, las de coleccionistas, editores e historiadores. Sus silencios forman parte de su historia.

 

La labor de recordar

Los colofones armenios nos permiten observar la producción de manuscritos a través de las palabras de algunas de las personas que participaron en ella. Encontramos a una proveedora de papel, un mecenas, un copista hambriento, un libro transportado en medio de una guerra y personas cuyos nombres fueron registrados, modificados o perdidos.

Estos testimonios son invaluables, pero no constituyen inventarios neutrales de la producción medieval de libros. Fueron escritos con propósitos particulares: agradecer, rezar, quejarse, justificarse, conmemorar. Al nombrar a algunas personas y pasar por alto a otras, contribuyeron a configurar la visibilidad histórica del trabajo que había detrás de un manuscrito.

Sabah proporcionó papel para un libro elaborado hace casi seis siglos. Conocemos su nombre porque un colofón lo transmitió hasta nosotros. No conocemos los nombres de todos los que trabajaron en aquel manuscrito, ni sabemos si quien lo encargó tuvo intención de reconocerlos a todos.

Esa diferencia forma parte de lo que nos enseñan estos registros. La elaboración de un libro podía convertirse en una ocasión para hacer historia y para decidir qué participación en esa historia sería recordada.

 

Bibliografía

  • Sanjian, Avedis K. (1969). Colophons of Armenian Manuscripts, 1301–1480: A Source for Middle Eastern History. Cambridge, MA: Harvard University Press.
  • Sirinian, Anna (2022). "Towards a Structural Analysis of Armenian Colophons." Comparative Oriental Manuscript Studies Bulletin, 8 (1), pp. 91–120.
  • Van Elverdinghe, Emmanuel (2018). "Recurrent Pattern Modelling in a Corpus of Armenian Manuscript Colophons." Journal of Data Mining & Digital Humanities, Special Issue on Computer-Aided Processing of Intertextuality in Ancient Languages.
  •  

    Acerca de la entrada

    Texto: Edgardo Civallero.
    Fecha de publicación: 09.10.2026.
    Foto: "Life in Medieval Armenia through the Colophons of Armenian Manuscripts." En Armenian Institute [enlace].