La forma de la memoria (08)

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La forma de la memoria (08)

Lo que la página no contiene

Los manuscritos sorabe y el conocimiento antemoro en Madagascar

 

Este post forma parte de una serie que explora las múltiples formas en que las sociedades humanas han almacenado, transmitido y transformado la memoria a lo largo del tiempo, más allá de las historias restringidas centradas en los libros y la escritura. La serie aborda los archivos, los documentos y los sistemas de memoria como tecnologías históricamente situadas, moldeadas por relaciones de poder, condiciones materiales, ecologías y cosmovisiones culturales, y examina formas de transmisión frecuentemente excluidas de las narrativas dominantes sobre alfabetización y preservación: tradiciones orales, patrones tejidos, estructuras musicales, performances rituales, paisajes, cuerpos y otras infraestructuras vivas de la memoria.. Todas las entradas de esta serie pueden consultarse en el índice de esta sección.

 

Un manuscrito del sudeste de Madagascar

La escritura suele describirse como una forma de separar el conocimiento de las circunstancias en las que fue producido. Un relato oral depende de una persona que habla y de una audiencia; una vez escritas, esas mismas palabras pueden, en principio, viajar a otros lugares y sobrevivir a quienes las utilizaron por primera vez. Buena parte de la historia de los libros depende de esta posibilidad. Los manuscritos pueden copiarse, coleccionarse, heredarse, traducirse y, finalmente, depositarse en bibliotecas alejadas de las comunidades en las que se originaron.

Los manuscritos sorabe del sudeste de Madagascar complican esta historia sencilla y familiar. Son documentos escritos en el sentido más corriente del término: hojas que contienen caracteres visibles que pueden copiarse y conservarse. Sin embargo, históricamente, el conocimiento asociado con ellos se mantuvo mediante un sistema más amplio, que incluía lectores especializados, enseñanza oral, transmisión restringida y formas de autoridad que no estaban contenidas en la propia escritura.

El término sorabe es el nombre que suele darse a una tradición de escritura de la lengua malgache mediante un sistema derivado de la escritura árabe. Está especialmente asociada con el pueblo antemoro del sudeste de Madagascar y con la región del bajo Matatàña, donde surgió un reino antemoro hacia finales del siglo XV. La tradición incluye relatos históricos y genealógicos, así como materiales adivinatorios, calendáricos, rituales y médico-mágicos. Algunos manuscritos permanecen bajo custodia antemoro; otros han ingresado en colecciones públicas y privadas de Madagascar y del extranjero. Los estudiosos los investigan al menos desde el siglo XIX, aunque la historia de la tradición, y en especial las vías por las que la escritura árabe llegó al sudeste de Madagascar, siguen siendo objeto de debate.

La tradición sorabe ofrece algo más interesante que la supervivencia de una escritura poco habitual. Constituye un caso en el que escritura y conocimiento nunca llegaron a ser completamente idénticos.

 

Escribir malgache con letras árabes

Madagascar ocupa un lugar particular en la historia del océano Índico. El malgache es una lengua austronesia, estrechamente emparentada, en un nivel histórico profundo, con lenguas habladas en el Sudeste Asiático insular, mientras que la isla también desarrolló vínculos de larga duración con África oriental, las Comoras y las redes comerciales islámicas del océano Índico occidental. Lenguas, prácticas religiosas, tecnologías y formas de cultura material llegaron a Madagascar a través de estas conexiones en distintos momentos y por distintas vías.

La tradición sorabe pertenece a esa historia, aunque sus orígenes no pueden reconstruirse con la precisión que alguna vez se pretendió. Los estudios más antiguos solían atribuir la tradición a inmigrantes árabes que se habrían establecido en Madagascar entre los siglos XI y XIII. Ludvig Munthe presentó una explicación de este tipo en su estudio sobre la escritura arabigo-malgache publicado en 1977. Investigaciones posteriores, entre ellas las de Philippe Beaujard y Silvia Neposteri, han tratado con mayor cautela tanto la cronología como la identidad de los grupos implicados, situando el desarrollo de la tradición antemoro dentro de una historia más compleja de migraciones islamizadas y conexiones en el océano Índico.

Lo que sí es seguro es que las formas gráficas árabes fueron adaptadas a la lengua malgache. La escritura sorabe forma parte, por lo tanto, de la amplia familia de prácticas de escritura que suelen describirse mediante el término árabe ʿajamī: el uso de la escritura árabe para lenguas distintas del árabe. El proceso exigió algo más que sustituir un alfabeto por otro. El malgache contiene sonidos y estructuras gramaticales para los que la ortografía árabe común no había sido concebida, de modo que el sistema resultante requirió convenciones adaptadas a las necesidades lingüísticas locales.

El término sorabe suele traducirse como "escritura grande" o "gran escritura", a partir del malgache soratra, escritura, y be, grande. Cualquiera que sea la historia exacta del nombre, la escritura quedó asociada con una cultura escrita especializada más que con una alfabetización generalizada. Cuando el gobernante merina Radama I adoptó en 1823 una ortografía del malgache basada en el alfabeto latino, la escritura sorabe ya representaba una de las tradiciones escritas más antiguas en la isla.

Su historia posterior no fue una de simple sustitución. La escritura latina se convirtió en la principal base del malgache escrito moderno, pero la escritura sorabe continuó utilizándose en contextos antemoro porque su importancia no dependía únicamente de su utilidad como alfabeto.

 

Las personas que podían leer el manuscrito

Los manuscritos estuvieron históricamente vinculados con determinados grupos sociales y especialistas. El estudio de Beaujard sobre los manuscritos sorabe antemoro destaca su conservación entre linajes aristocráticos y su utilización por dirigentes religiosos y adivinos-curanderos. La escritura pertenecía a un entorno intelectual fuertemente estratificado, en el que podía restringirse el acceso a ciertos textos y formas de conocimiento.

Los katibo, generalmente descritos como escribas o especialistas eruditos, tuvieron una importancia particular dentro de este sistema. Su función implicaba algo más que la capacidad mecánica de reproducir caracteres. Los manuscritos formaban parte de un corpus de conocimientos transmitido entre personas que ya poseían las competencias culturales y técnicas necesarias para comprenderlos. Otros especialistas, entre ellos los ombiasy, trabajaban con conocimientos adivinatorios, curativos y rituales que también podían entrecruzarse con los materiales escritos.

Saber leer la escritura no proporcionaba necesariamente los conocimientos necesarios para interpretar un manuscrito concreto. Una fórmula escrita podía conservar las palabras y dejar sin explicar las circunstancias en las que debía utilizarse, mientras que una genealogía podía registrar nombres sin explicar las relaciones y reivindicaciones que otorgaban fuerza social a esos nombres.

Beaujard describe el conocimiento de los textos sagrados sorabe como inseparable de un conocimiento transmitido oralmente. El manuscrito participaba en la transmisión, pero no sustituía la enseñanza oral.

Esta relación entre escritura y conocimiento especializado también ocupa un lugar central en los trabajos recientes de Neposteri. Sus estudios sobre la tradición sorabe examinan la interacción entre memoria escrita, memoria oral y lo que ella denomina "memoria incorporada", en particular a través de la figura del katibo y de la copia e interpretación continuadas de los manuscritos.

La tradición sorabe no encaja cómodamente en una oposición entre sociedades letradas y orales. La escritura coexistía con la transmisión oral, y ambas cumplían funciones diferentes dentro del mismo sistema intelectual.

 

Historia, genealogía y conocimiento especializado

Los manuscritos conservados contienen distintos tipos de materiales, y ninguna descripción unificada permite abarcar adecuadamente toda la tradición. Los textos históricos y genealógicos constituyen un grupo importante. Otros se ocupan de la adivinación, la astrología, el cálculo calendárico, la acción ritual y la curación.

El estudio de Narivelo Rajaonarimanana sobre la tradición anakara (uno de los grupos antemoro poseedores de prerrogativas religiosas particulares) sigue siendo fundamental para estos últimos materiales. Su Savoirs arabico-malgaches examina tratados adivinatorios sorabe y recetas médico-mágicas conservadas entre especialistas antemoro anakara. Beaujard señala igualmente la presencia predominante de materiales mágico-religiosos entre los manuscritos conservados, junto con un grupo menor pero importante de textos históricos.

Los manuscritos históricos plantean un problema diferente. Pueden conservar información que no está disponible en la documentación europea, pero no fueron escritos para ofrecer meras crónicas neutrales a los historiadores del futuro. La genealogía y la historia participaban en reivindicaciones sobre los orígenes, el estatus y la autoridad. El estudio de Neposteri sobre los sorabe históricos ha mostrado cómo los estratos nobles antemoro utilizaron la escritura para vincular pasado y presente de maneras que contribuían a mantener determinadas relaciones de poder político y cultural.

Un ejemplo editado recientemente permite observarlo con especial claridad. El manuscrito conocido como HB6, conservado actualmente en la colección Berthier de la Académie des Sciences d'Outre-Mer de París, contiene un relato sobre los anakara. La edición de Neposteri ofrece transcripción, transliteración, traducción y comentario, lo que permite estudiar el manuscrito junto con otras tradiciones históricas sorabe.

HB6 resulta útil porque impide que la tradición sorabe se convierta en una categoría abstracta. He aquí un manuscrito concreto que contiene un relato de ascendencia e historia colectiva. Su valor no reside únicamente en los acontecimientos que los historiadores actuales puedan reconstruir a partir de él. El acto de conservar semejante genealogía también contribuía a reproducir el orden social dentro del cual esa genealogía tenía importancia.

Un manuscrito histórico anterior muestra el mismo problema desde otro ángulo. En 1907, E.-F. Gautier y Henri Froidevaux publicaron un relato arabigo-malgache sobre acontecimientos militares relacionados con el aventurero francés conocido como La Case en la región de Imoro entre 1659 y 1663. Su edición trataba el manuscrito como una importante fuente histórica indígena e intentaba distinguir diferentes secciones y posibles autores en su interior. Aunque su lenguaje y sus supuestos pertenecen claramente a la erudición colonial de la época, el manuscrito mostraba que escritores antemoro habían registrado acontecimientos políticos y militares desde perspectivas que no dependían de observadores europeos.

El corpus histórico conservado nos ofrece, por lo tanto, algo más que pruebas escritas sobre Madagascar. También registra decisiones acerca de qué consideraban digno de preservación determinadas comunidades y de qué manera podía movilizarse el pasado en el presente.

 

El manuscrito y la copia

Los manuscritos sorabe también tenían una historia material.

El estudio de Gabriel Rantoandro sobre lo que llegó a conocerse como "papel antemoro" rastreó una tradición local de fabricación de papel documentada al menos desde comienzos de la Edad Moderna y asociada con la corteza de havoha. El autor se cuidó de no afirmar con certeza por qué vía había llegado la técnica a Madagascar, señalando posibles conexiones con el océano Índico al tiempo que subrayaba el carácter incompleto de las pruebas disponibles.

Históricamente, el papel estuvo asociado con la escritura y con usos mágico-religiosos. Durante el siglo XX, su producción cambió de manera considerable, especialmente cuando el "papel antemoro" se convirtió en un producto decorativo y comercial. El relato de Rantoandro resulta útil porque separa la historia del material del objeto turístico y artesanal, mucho más tardío, que hoy se vende ampliamente con el mismo nombre.

En el caso de los manuscritos, resulta menos importante el exotismo del papel hecho a mano que el trabajo necesario para mantener la continuidad escrita. Los materiales orgánicos se deterioran, los manuscritos pueden dañarse o perderse, y la supervivencia a largo plazo puede depender tanto de la copia como del almacenamiento.

Las descripciones recientes de la tradición sorabe insisten repetidamente en esta actividad. Neposteri describe manuscritos preservados mediante sucesivos actos de copia y adición realizados por grupos relativamente restringidos de iniciados. Una tradición textual puede continuar durante siglos mediante sucesivas copias, aunque no se conserve ninguno de sus manuscritos más antiguos.

La copia también complica la idea del manuscrito como punto final estable. Cada copia constituye otro momento de la transmisión. El material puede reorganizarse, complementarse o combinarse con otros materiales. El texto adquiere continuidad mediante intervenciones humanas repetidas, no porque permanezca físicamente inalterado.

Este proceso se asemeja al de otras culturas manuscritas, pero en la tradición sorabe funcionaba junto con restricciones de acceso y formas especializadas de interpretación. Quien copiaba el manuscrito también participaba en la preservación de una competencia social.

 

Del custodio a la colección

Los manuscritos sorabe comenzaron a incorporarse a colecciones académicas e institucionales europeas durante el período colonial, e incluso antes. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, distintos investigadores ya los transcribían, traducían y publicaban como fuentes lingüísticas, históricas y etnográficas. Gabriel Ferrand, G.-H. Julien, Gautier y Froidevaux, y posteriormente otros estudiosos, produjeron ediciones y estudios que hicieron accesibles determinados textos fuera de las redes antemoro.

Este trabajo académico conservó información y permitió establecer comparaciones, pero también modificó el entorno documental de los manuscritos. Un texto custodiado dentro de un linaje o de una red de especialistas podía quedar separado de las personas responsables de transmitirlo. En una biblioteca o en una edición académica adquiría nuevas categorías descriptivas: manuscrito, espécimen lingüístico, fuente histórica, texto religioso.

Un ejemplar manuscrito puede estudiarse legítimamente de varias maneras. La dificultad aparece cuando se supone que la posesión física y la legibilidad textual proporcionan un acceso completo a aquello que el documento hacía anteriormente.

Una genealogía histórica puede traducirse al tiempo que las relaciones de precedencia o autoridad que le daban fuerza dejan de estar disponibles para el lector. Un texto ritual puede transcribirse con precisión mientras el conocimiento práctico que rodeaba su uso queda fuera de la edición. El contenido escrito sobrevive, pero sus funciones documentales anteriores deben reconstruirse mediante otros tipos de evidencia.

Por esta razón, los estudios sobre los manuscritos sorabe han combinado cada vez más el análisis textual con la historia oral, la etnografía y la atención a la organización social. El manuscrito no puede aislarse de las personas que lo conservaron.

 

La tradición sorabe en el presente

La tradición sorabe no es únicamente una tradición histórica preservada en antiguas colecciones. El trabajo de campo sigue encontrando manuscritos y custodios en el sudeste de Madagascar.

Los trabajos recientes de Neposteri ofrecen un caso especialmente útil. Durante una investigación de campo realizada en la región antemoro en 2015, reunió un corpus digital de cuarenta y seis manuscritos. Su estudio de ese corpus examina los problemas metodológicos y éticos creados por la digitalización de materiales cuya transmisión, históricamente, ha implicado secreto, acceso restringido y determinadas formas de custodia.

La digitalización puede documentar manuscritos sin retirarlos permanentemente de sus propietarios, permitir comparaciones entre materiales dispersos en diferentes colecciones y reducir la manipulación repetida de originales vulnerables. También puede poner fuentes antes inaccesibles a disposición de estudios lingüísticos, históricos y codicológicos.

Al mismo tiempo, la disponibilidad digital modifica las condiciones de acceso. Un manuscrito que anteriormente era examinado por un pequeño número de especialistas puede, potencialmente, circular mucho más allá de ese entorno social. Por ello, Neposteri aborda la digitalización como una cuestión con consecuencias culturales y epistemológicas, además de posibilidades técnicas.

Para la historia del libro, el caso revela una diferencia que existía mucho antes de la tecnología digital. Un documento puede reproducirse de forma más completa que las prácticas de conocimiento asociadas con él. La fotografía de alta resolución puede captar todos los caracteres visibles de una página, pero por sí sola no puede recuperar la explicación oral mediante la cual un especialista aprendía a interpretar un pasaje, determinar la autoridad social de una genealogía o establecer las circunstancias en las que podía utilizarse determinado texto.

Estas limitaciones no significan que la copia digital sea defectuosa. Señalan los límites de aquello que alguna vez estuvo almacenado en la página.

 

Lo que la página no contiene

La tradición sorabe forma parte, plenamente, de la historia de la escritura y de los manuscritos. Su importancia no depende de considerarla algo externo o anterior al libro. Los especialistas antemoro escribieron, copiaron, conservaron e interpretaron textos durante generaciones, desarrollando una tradición documental con sus propias formas materiales y convenciones intelectuales.

Lo que hace especialmente útil esta tradición para una historia más amplia de la memoria es la distribución del conocimiento entre manuscrito y especialista. Cierta información podía fijarse por escrito y transmitirse mediante la copia, mientras otros conocimientos seguían dependiendo de la explicación oral, la formación, la posición social y las relaciones continuadas entre custodios. La durabilidad de la escritura no hacía que el texto fuera completamente independiente de esas condiciones.

Esta diferencia se vuelve difícil de percibir cuando los manuscritos ingresan en colecciones modernas. Las bibliotecas pueden conservar objetos y la filología puede reconstruir textos con extraordinaria precisión, pero ninguna de estas actividades mantiene necesariamente el conjunto completo de prácticas mediante las cuales la comunidad que lo custodiaba otorgaba significado a un documento.

La tradición sorabe introduce una complicación particular en la historia del libro. La escritura puede permitir que el conocimiento sobreviva a personas concretas sin trasladar al objeto escrito todo aquello que se necesita para comprender ese conocimiento.

A veces, la página contiene solo una parte de aquello que se ha conservado.

 

Bibliografía

  • Beaujard, Philippe (2007). "Les manuscrits arabico-malgaches (sorabe) du pays Antemoro (Sud-Est de Madagascar)." In Constant Hamès (ed.), Coran et talismans. Textes et pratiques magiques en milieu musulman. Paris: Karthala, pp. 219–265.
  • Gautier, E.-F. and Henri Froidevaux (1907). Un manuscrit arabico-malgache sur les campagnes de La Case dans l'Imoro de 1659 à 1663. Paris: Imprimerie Nationale / C. Klincksieck.
  • Julien, G.-H. (1929). "Pages arabico-madécasses. Première série: Histoire, légendes et mythes." Annales de l'Académie des Sciences Coloniales, 3, pp. 1–124.
  • Munthe, Ludvig (1977). "La tradition écrite arabico-malgache: un aperçu sur les manuscrits existants." Bulletin of the School of Oriental and African Studies, 40 (1), pp. 96–109.
  • Neposteri, Silvia (2017). Memoria e potere in Madagascar. Tracce di storia nella tradizione arabico-malgascia (XV–XIX secolo). Doctoral dissertation, Università di Pavia / INALCO.
  • Neposteri, Silvia (2023). Voici l'histoire de nos ancêtres Anakara. Le manuscrit arabico-malgache HB6. Paris: Geuthner / Académie des Sciences d'Outre-Mer.
  • Neposteri, Silvia (2024). "Le sorabe et le katibo. Au carrefour entre passé et présent dans la tradition arabico-malgache sorabe." In Theis Lala Voahangimampionona Rasoloarivony and Alice Ravonjiarisoa (eds.), La littérature malgache. Pour une histoire littéraire inclusive. Antananarivo: École Normale Supérieure, pp. 430–440.
  • Neposteri, Silvia (2025). "Sorabe numériques? Enjeux et perspectives d'étude des manuscrits arabico-malgaches à travers le cas d'un fonds numérique inédit." Asian and African Studies, 34 (1), pp. 16–59.
  • Rajaonarimanana, Narivelo (1990). Savoirs arabico-malgaches: la tradition manuscrite des devins Antemoro Anakara, Madagascar. Paris: Institut National des Langues et Civilisations Orientales.
  • Rantoandro, Gabriel (1983). "Contribution à la connaissance du 'papier Antemoro' (Sud-est de Madagascar)." Archipel, 26, pp. 86–104.
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    Acerca de la entrada

    Texto: Edgardo Civallero.
    Fecha de publicación: 25.09.2026.
    Foto: "A manuscript in Sorabe." En Wikimedia [enlace].