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Bibliotecología comunitaria con un giro decolonial (12)
Amplificando las voces locales en espacios globales
Circulación, traducción y la política de la escala
Este post forma parte de una serie que recupera la bibliotecología comunitaria de sus distorsiones institucionales, devolviéndola a sus raíces en la lucha, la ayuda mutua y la supervivencia colectiva. Considera las bibliotecas no como servicios neutrales, sino como infraestructuras en disputa, atravesadas por relaciones de poder, resistencia y memoria, y explora la bibliotecología como un trabajo de solidaridad anclado en comunidades reales, conflictos reales y la tensión constante entre el control institucional y la autonomía colectiva. Todas las entradas de esta serie pueden consultarse en el índice de esta sección.
El conocimiento local más allá de lo local
La bibliotecología comunitaria trabaja con frecuencia con conocimientos cuya significación está estrechamente ligada al lugar. Historias locales, relatos orales, registros vecinales, documentos de organizaciones, publicaciones comunitarias, fotografías, materiales audiovisuales y otras formas de documentación adquieren significado a través de las relaciones sociales en las que fueron producidos y utilizados. Su relevancia puede depender del saber de determinadas personas, acontecimientos, conflictos, instituciones, paisajes o formas de lenguaje que ya resultan familiares dentro de la comunidad.
Las tensiones surgen cuando estos materiales comienzan a circular más allá de ese contexto. La digitalización, la publicación en línea, las exposiciones, las alianzas académicas, las redes internacionales, los programas culturales y las iniciativas de financiación pueden hacer que el conocimiento local sea accesible para públicos mucho más amplios. Esa circulación puede proporcionar reconocimiento, recursos, conexiones y oportunidades de intercambio. Pero también puede alterar las condiciones bajo las cuales se interpreta el material.
La cuestión, por lo tanto, no es si el conocimiento local debe circular más allá de la comunidad. En muchos casos, una circulación amplia resulta deseable. Lo que importa son las condiciones bajo las cuales se produce esa circulación, y hasta qué punto los materiales deben ser reformulados para volverse inteligibles dentro de entornos institucionales externos.
La transformación producida por la escala
El conocimiento no pasa inalterado de una escala a otra. Materiales que requieren poca o ninguna explicación a nivel local suelen necesitar una contextualización enorme cuando se presentan a públicos que no están familiarizados con ellos. Las referencias que resultan evidentes dentro de un barrio, una asociación, un grupo lingüístico o un movimiento político pueden ser incomprensibles en otros lugares. La terminología local puede requerir explicación o traducción. Los acontecimientos pueden requerir de antecedentes históricos. Puede ser necesario reconstruir las relaciones entre los documentos.
Estos son problemas normales de comunicación, pero las soluciones que se adopten tienen consecuencias. El contexto puede condensarse de formas que simplifiquen situaciones complejas. Los términos pueden ser sustituidos por categorías genéricas. Las disputas políticas pueden resumirse como diferencias culturales. Los desacuerdos internos pueden desaparecer de las presentaciones públicas porque son difíciles de explicar o porque las instituciones prefieren narrativas coherentes.
La versión resultante puede seguir siendo factualmente correcta y, sin embargo, modificar la importancia del material. Una historia comunitaria organizada en torno a disputas por la tierra, el trabajo, la vivienda, la migración o los servicios públicos puede convertirse, a otra escala, en un relato sobre identidad local o patrimonio cultural. La información no ha sido necesariamente falseada, pero las relaciones que le daban significado han sido reorganizadas.
La bibliotecología comunitaria debe considerar la escala como parte de la práctica documental. Hacer que algo esté disponible más allá de su contexto original requiere tomar decisiones sobre qué información complementaria debe viajar con ello y qué formas de simplificación son aceptables.
Lenguajes institucionales de legibilidad
Una circulación más amplia pone el conocimiento comunitario en contacto con vocabularios institucionales. Las agencias culturales, las ONG, las universidades, los organismos de financiación, las organizaciones patrimoniales y los programas internacionales funcionan mediante categorías que permiten comparar, administrar, financiar y comunicar proyectos procedentes de contextos muy diferentes.
Términos como participación, empoderamiento, resiliencia, patrimonio, diversidad, inclusión, conocimiento tradicional, identidad cultural y desarrollo de capacidades se han vuelto habituales en estos entornos. No carecen de significado y, en situaciones concretas, pueden describir con precisión ciertos aspectos del trabajo comunitario. La dificultad comienza cuando se convierten en el principal lenguaje mediante el cual deben presentarse las experiencias locales para obtener reconocimiento o apoyo.
Un problema específico de un contexto local puede entonces reformularse para que corresponda a una categoría institucional disponible. Así, una iniciativa comunitaria se convierte en un proyecto patrimonial; una demanda política, en participación cultural; una historia de desplazamiento, en resiliencia; una práctica documental autónoma, en desarrollo de capacidades. La reformulación facilita la comunicación con las instituciones, pero también puede modificar la manera en que se entiende la iniciativa.
Este es uno de los mecanismos mediante los cuales puede producirse la folklorización sin que exista un intento explícito de romantizar a una comunidad. La folklorización puede resultar de presentar prácticas culturales separándolas de las condiciones económicas, políticas e históricas en las que existen. El conocimiento comunitario permanece visible, pero los conflictos y las relaciones que lo explican pasan a un segundo plano.
Las bibliotecas que participan en redes internacionales o interinstitucionales deben reconocer esta presión. Los vocabularios externos pueden ser necesarios para determinados fines administrativos, pero no tienen por qué sustituir la terminología mediante la cual las comunidades comprenden sus propias prácticas.
Preservar el contexto durante la circulación
Una respuesta consiste en tratar el contexto como parte de aquello que circula, en lugar de considerarlo información complementaria añadida posteriormente. Una fotografía, un testimonio, una publicación o un relato oral pueden requerir de información sobre las circunstancias de su producción, su público previsto, los acontecimientos relevantes, la terminología local o las relaciones entre las personas involucradas.
Esto no significa que haya que producir explicaciones exhaustivas para todos los públicos externos, ni exige eliminar la ambigüedad. Algunas formas de conocimiento dependen precisamente de distinciones que no pueden traducirse por completo a categorías estandarizadas.
La práctica documental comunitaria puede preservar varias capas descriptivas. La terminología local puede coexistir con términos más generales utilizados para la recuperación de información. Los nombres originales pueden permanecer visibles junto a sus traducciones. Las descripciones comunitarias pueden conservarse incluso cuando las instituciones requieran metadatos adicionales. Las diferentes interpretaciones de un mismo material pueden documentarse sin obligarlas a confluir en una única síntesis.
Este tipo de disposiciones permite que los materiales participen en sistemas más amplios sin exigir que desaparezca la descripción local. El objetivo no es lograr una equivalencia perfecta entre diferentes vocabularios, algo que puede resultar imposible, sino mantener una integridad contextual suficiente para que el material continúe conectado con las condiciones en las que adquirió significado.
Circulación selectiva
Una mayor visibilidad suele considerarse un bien incuestionable. Los proyectos de digitalización, los repositorios institucionales, las iniciativas de acceso abierto y las estrategias de comunicación suelen medir el éxito mediante una mayor disponibilidad, una mayor capacidad de localización o audiencias más amplias.
Sin embargo, los materiales comunitarios no requieren necesariamente de máxima circulación. Diferentes elementos pueden tener públicos distintos. Algunos pueden estar destinados al acceso público sin restricciones, mientras que otros pueden resultar adecuados para investigadores, residentes, miembros de determinadas organizaciones o personas con relaciones establecidas con la comunidad. Y cierta información puede requerir una restricción temporal debido a condiciones políticas, riesgos personales, disputas no resueltas o preocupaciones acerca de su reutilización posterior.
La posibilidad de una circulación selectiva adquiere especial importancia en línea. Una vez que los materiales son públicamente accesibles, pueden ser copiados, indexados, descargados, incorporados a otras bases de datos, procesados automáticamente, reproducidos en publicaciones o separados de la información contextual proporcionada originalmente. La circulación posterior puede resultar difícil de controlar.
Las decisiones sobre amplificación deberían, por ende, incluir cuestiones relacionadas con la reutilización, la atribución, la redistribución, la traducción, la explotación comercial y la posibilidad de retirada futura. Hacer visible el conocimiento comunitario no requiere tratar todas las formas de visibilidad como equivalentes.
Estas cuestiones también cambian con el tiempo. Los materiales considerados adecuados para la circulación pública bajo determinadas circunstancias pueden volverse sensibles bajo otras. Las condiciones políticas cambian, las personas reconsideran permisos concedidos previamente, las organizaciones comunitarias se disuelven o reorganizan, y aparecen nuevos usos potenciales de los materiales digitales. Por ello, los sistemas destinados a una difusión más amplia de contenidos deberían permitir revisar las decisiones sobre circulación, en lugar de asumir que la publicación resuelve el asunto de manera permanente.
Reciprocidad entre escalas
El desplazamiento del conocimiento comunitario más allá de su lugar de origen también plantea preguntas acerca de qué retorna a la comunidad. La circulación suele producir beneficios en otros lugares: los investigadores obtienen materiales, las instituciones amplían sus colecciones, las exposiciones adquieren contenidos, las plataformas ganan usuarios, las organizaciones demuestran impacto y los profesionales desarrollan publicaciones o proyectos.
Tales resultados no son necesariamente explotadores. Pero se desarrolla una clara asimetría cuando la circulación es predominantemente hacia afuera, y las instituciones a través de las cuales viajan los materiales acumulan recursos, autoridad y visibilidad, mientras que las comunidades que los produjeron permanecen en la periferia de esos beneficios.
La reciprocidad puede adoptar diferentes formas según el proyecto. Puede implicar devolver copias digitales y documentación, proporcionar infraestructura técnica, garantizar el acceso comunitario continuo, compartir recursos, mantener la atribución, apoyar la preservación local o establecer procedimientos mediante los cuales las comunidades puedan revisar o cuestionar el uso externo de sus materiales.
También puede significar preservar las conexiones entre los materiales y sus fuentes. Cuando el conocimiento comunitario aparece en repositorios externos, exposiciones, publicaciones o redes, la información sobre su procedencia y sus condiciones de uso debería permanecer visible. Una circulación amplia no debería transformar el saber producido localmente en contenido institucionalmente huérfano.
Amplificación sin sustitución
Amplificar el conocimiento local requiere algo más que aumentar su visibilidad. Requiere prestar atención a lo que cambia cuando ese conocimiento entra en entornos documentales, institucionales, lingüísticos y geográficos diferentes de aquellos en los que fue producido.
Cierto grado de transformación es inevitable. Los materiales requieren descripción; los públicos requieren contexto; la traducción puede ser necesaria; los sistemas técnicos imponen formatos; las instituciones funcionan mediante sus propios vocabularios administrativos. El objetivo no puede ser evitar toda mediación.
La cuestión es si esas transformaciones continúan siendo responsables ante el conocimiento que circula.
La bibliotecología comunitaria puede contribuir manteniendo la terminología local, preservando la información contextual, distinguiendo entre diferentes condiciones de acceso, documentando la procedencia, permitiendo que las descripciones continúen siendo múltiples o controvertidas, y garantizando que las comunidades mantengan relaciones significativas con los materiales que circulan más allá de ellas.
En estas condiciones, la amplificación no precisa convertir el conocimiento local en una versión estandarizada de la cultura diseñada para el consumo institucional. Puede muy bien extender el alcance del conocimiento comunitario mientras preserva las historias, los conflictos, las relaciones y las formas de lenguaje particulares mediante las cuales ese conocimiento continúa teniendo significado.