Bibliotecología comunitaria con un giro decolonial (03)

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Bibliotecología comunitaria con un giro decolonial (03)

Memorias que contraatacan

Bibliotecas (comunitarias) como trincheras para recordar de otro modo

 

Este post forma parte de una serie que recupera la bibliotecología comunitaria de sus distorsiones institucionales, devolviéndola a sus raíces en la lucha, la ayuda mutua y la supervivencia colectiva. Considera las bibliotecas no como servicios neutrales, sino como infraestructuras en disputa, atravesadas por relaciones de poder, resistencia y memoria, y explora la bibliotecología como un trabajo de solidaridad anclado en comunidades reales, conflictos reales y la tensión constante entre el control institucional y la autonomía colectiva. Todas las entradas de esta serie pueden consultarse en el índice de esta sección.

 

La memoria más allá de la preservación

En el discurso institucional, la memoria suele tratarse como algo que debe preservarse. Las bibliotecas (y los archivos, museos y espacios similares) la recopilan, organizan y hacen accesible. El énfasis recae en la continuidad, la estabilidad y el cuidado.

Pero esta visión es demasiado limitada.

Lo que las instituciones preservan nunca es simplemente "el pasado". Es una versión seleccionada, clasificada y mediada del mismo. Algunas experiencias quedan registradas; otras permanecen fragmentadas, excluidas o ilegibles dentro de los sistemas existentes. En ese sentido, la memoria no es solo preservación. Es también un terreno de lucha.

Esto se hace especialmente visible en las bibliotecas comunitarias, donde la memoria rara vez es una preocupación abstracta. Está ligada a historias concretas de despojo, migración, represión, organización, supervivencia y resistencia.

 

Bibliotecas comunitarias y la labor de recordar

Las bibliotecas comunitarias no suelen surgir en entornos neutrales. Aparecen allí donde las instituciones oficiales han fracasado, se han retirado o nunca han servido realmente a la comunidad.

En esas condiciones, el trabajo de la memoria no es secundario. Es parte de la razón de ser de esas bibliotecas.

Preservan historias locales que de otro modo permanecerían sin documentar. Mantienen vivos el saber oral, las narrativas vecinales, los registros de organizaciones, los testimonios y los materiales efímeros que las instituciones formales suelen ignorar. Crean continuidad donde la interrupción ha sido la norma.

No se trata simplemente de llenar vacíos en el registro histórico. Las bibliotecas comunitarias no se limitan a añadir "contenido faltante" a un archivo ya legítimo. Van más allá y preservan formas de memoria que cuestionan la legitimidad de la propia historia oficial.

 

Contra la memoria oficial

Toda institución dominante produce una versión del pasado que parece coherente y autorizada. Esa coherencia depende no solo de lo que se incluye, sino también de lo que se omite.

Las bibliotecas comunitarias parten de una perspectiva diferente. Suelen posicionarse más cerca de las experiencias que las narrativas oficiales minimizan: desplazamiento forzado, luchas laborales, violencia policial, asentamientos informales, marginación lingüística, liderazgo local borrado, formas cotidianas de ayuda mutua... Gracias a esa proximidad, pueden funcionar como espacios donde otras versiones del pasado permanecen activas.

Esto no significa que las bibliotecas comunitarias produzcan, automáticamente, una verdad pura o completa. También seleccionan, interpretan y contextualizan. Pero lo hacen desde dentro de ese tejido social que las instituciones dominantes suelen observar desde lejos.

Y esa diferencia importa.

 

La memoria como fuerza de resistencia

En bibliotecología comunitaria, la memoria no es solo retrospectiva. Es práctica.

Ayuda a las comunidades a explicar cómo llegaron a donde están. Preserva la evidencia del daño. Registra luchas, alianzas y pérdidas. Protege experiencias que de otro modo serían negadas o borradas. Da profundidad histórica a las demandas actuales.

En esas condiciones, la memoria se convierte en una fuerza de resistencia.

No porque sea romántica, ni porque todo acto de recordar sea emancipador, sino porque puede interrumpir las versiones oficiales de la realidad. Puede visibilizar el olvido, preservar la continuidad y proporcionar a las comunidades narrativas que no son impuestas desde fuera.

Por ende, una biblioteca comunitaria no es solo un lugar donde se almacenan documentos. Puede convertirse en un espacio donde se construye, defiende y transmite una suerte de "verdad colectiva".

 

Los límites del reconocimiento institucional

Una vez que esas memorias se hacen visibles, las instituciones hegemónicas suelen intentar absorberlas.

Pueden reconocerlas como "patrimonio", "diversidad" o "cultura local", despojándolas de los conflictos que les dan significado. Lo que antes era una memoria viva y contextualizada puede ser reformulado como contenido inofensivo.

Esta es una de las tensiones centrales para las bibliotecas comunitarias. Si buscan reconocimiento, apoyo o integración, corren el riesgo de perder la fuerza de las memorias que atesoran. Si permanecen completamente al margen de los marcos institucionales, pueden carecer de recursos, protección o continuidad.

No existe una solución fácil para esta tensión. Pero ignorarla produce una imagen falsa de lo que implica el trabajo con la memoria comunitaria.

 

Las bibliotecas como espacios de voz colectiva

La bibliotecología comunitaria no se define únicamente por la proximidad, la participación o la relevancia local. Se define también por la capacidad de preservar y activar memorias que son fundamentales para la supervivencia y la autocomprensión de una comunidad.

Este trabajo no es neutral. Nunca lo ha sido.

Cuando las bibliotecas comunitarias preservan lo que los sistemas oficiales descuidan, cuando mantienen vivas las memorias de la lucha y cuando las ponen a disposición del público para el uso colectivo, hacen algo más que facilitar el acceso a la información. Crean las condiciones para confrontar las narrativas dominantes.

En ese sentido, la memoria en las bibliotecas comunitarias no es solo material de archivo.

Es conocimiento social bajo presión. Y a veces, es uno de los pocos lugares desde donde una comunidad aún puede hablar en nombre propio.

 

Acerca de la entrada

Texto: Edgardo Civallero.
Fecha de publicación: 21.04.2026.
Foto: ChatGPT.