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Metadatos como revuelta (09 de 10)
Infraestructuras de rendición de cuentas
Los metadatos como interfaz política
Este post forma parte de una serie que explora cómo los metadatos pueden convertirse en un espacio de resistencia, rechazo y subversión poética. Desde la clasificación hasta los datos enlazados, la serie investiga cómo las prácticas de catalogación pueden codificar formas de opresión, y cómo pueden ser reinventadas para desafiar los sistemas dominantes y hablar desde los márgenes. Todas las entradas de esta serie pueden consultarse en el índice de esta sección.
De la pluralidad a la responsabilidad
Los esfuerzos por descentralizar las infraestructuras de metadatos se han centrado, acertadamente, en la pluralidad: vocabularios alternativos, ontologías impulsadas por la comunidad, lógicas descriptivas paralelas y el rechazo a las jerarquías impuestas.
Sin embargo, una vez que dicha pluralidad se hace operativa, el desafío central cambia. La pregunta ya no es si se puede resistir a los sistemas dominantes, sino cómo se gobierna la autoridad distribuida.
La descentralización no elimina el poder: lo redistribuye. Cuando múltiples actores pueden definir términos, declarar propiedades o reformular estructuras conceptuales, las decisiones proliferan. Sin mecanismos de gobernanza explícitos, esas decisiones pueden volverse opacas. Las definiciones pueden evolucionar sin documentación. Las relaciones pueden reconfigurarse sin dejar rastro público. La autoridad puede ejercerse de manera informal en lugar de procedimental. En tales contextos, la legitimidad ética de los sistemas alternativos depende no solo de lo que codifican, sino también de cómo registran sus propios procesos de cambio.
Metadatos como interfaz política
Los metadatos suelen considerarse como una infraestructura descriptiva, pero en la práctica funcionan como una interfaz política. Median entre comunidades e instituciones, entre epistemologías locales y repositorios globales, entre gobernanza interna y acceso público. Toda afirmación de metadatos conlleva reivindicaciones implícitas: sobre la autoría, la autoridad y las condiciones bajo las cuales se estableció un término o relación.
Cuando se introduce un encabezamiento de materia, alguien ha decidido que es apropiado. Cuando se revisa un concepto, alguien ha determinado que su forma previa era insuficiente. Cuando se mapea una clasificación entre sistemas, alguien ha afirmado su equivalencia. Estas acciones no son neutrales. Conforman la interpretación, la visibilidad y la legitimidad.
Por lo tanto, un ecosistema de metadatos que sea responsable requiere que sus afirmaciones sean atribuibles y revisables. Debe ser posible identificar quién introdujo un concepto, quién lo modificó y bajo qué marco de autorización. Sin dicha trazabilidad, los sistemas de metadatos corren el riesgo de reproducir la invisibilidad a nivel de gobernanza.
Control de versiones como memoria institucional
La ingeniería de software se ha enfrentado desde hace tiempo al problema de la autoría distribuida. Los sistemas de control de versiones como Git no sobrescriben estados previos: registran los cambios como una secuencia de intervenciones documentadas. Cada modificación se asocia a un autor, una marca de tiempo y una descripción de la intención. El historial de un archivo se conserva como un linaje inspeccionable, en lugar de reducirse a un único estado actual.
Aplicado a las infraestructuras de metadatos, este modelo sugiere que los vocabularios, las ontologías y los registros no deben tratarse como artefactos estáticos. Las entidades conceptuales requieren identificadores persistentes que perduren a través de las revisiones, mientras que su evolución definitoria permanece accesible. Cuando un término cambia de alcance, cuando se redefine una relación o cuando una propiedad queda obsoleta, la modificación debe registrarse como un evento, en lugar de absorberse silenciosamente en una nueva versión.
Este enfoque transforma los metadatos. Pasan de ser una superficie de categorías estabilizadas a ser un proceso documentado. Se reconoce así que la organización del conocimiento es iterativa y controvertida, y se preserva el registro de dicha controversia.
Procedencia como responsabilidad estructurada
En los estándares de la web semántica, la procedencia no es una cuestión abstracta, sino una dimensión formalizable de los datos. La Ontología PROV / de Procedencia del W3C (PROV-O) proporciona un marco para expresar cómo se generan, atribuyen y derivan las entidades a lo largo del tiempo. Mediante propiedades que vinculan las declaraciones con agentes y actividades, los metadatos pueden registrar sus propias condiciones de producción. La ontología de Procedencia, Autoría y Versionado (PAV) amplía esta lógica al distinguir entre roles como autor, curador y colaborador, y al asociar recursos con identificadores de versión explícitos.
Cuando las propiedades de procedencia se integran sistemáticamente en los ecosistemas de metadatos, las afirmaciones descriptivas se convierten en eventos responsables. Un término de vocabulario puede vincularse al organismo comunitario que lo autorizó. Una definición puede indicar si es heredada, adaptada o de nueva formulación. Una revisión puede rastrearse hasta un agente y momento específicos. De esta manera, los metadatos dejan de aparecer como una infraestructura anónima y se vuelven legibles como producto de decisiones situacionales.
Consentimiento y condiciones de publicación
La rendición de cuentas también se extiende más allá de la autoría, e incluye el consentimiento. En sistemas comunitarios, en particular aquellos que involucran conocimiento culturalmente sensible o gestionado colectivamente, codificar un término no es un proceso meramente técnico. Presupone autorización.
Por lo tanto, las infraestructuras de metadatos deben ser capaces de expresar las condiciones bajo las cuales la información se hace pública. Esto puede implicar registrar el órgano decisorio que aprobó la publicación de un término, el alcance dentro del cual puede reutilizarse o las restricciones temporales a su visibilidad. Dichas condiciones pueden modelarse como declaraciones de derechos, afirmaciones de nivel de acceso o anotaciones de gobernanza vinculadas a entidades conceptuales específicas.
Codificar vocabularios alternativos sin documentar el consentimiento conlleva el riesgo de reproducir dinámicas extractivas bajo el pretexto de la descentralización. La responsabilidad exige que la publicación sea rastreable hasta el nivel de los procesos de decisión colectiva.
Auditabilidad y el derecho a inspeccionar
Transparencia no es sinónimo de exposición. Es la capacidad de inspeccionar la evolución de un sistema. Un ecosistema de metadatos responsable debe permitir a sus usuarios y colaboradores revisar versiones anteriores de los registros, identificar quién introdujo o modificó afirmaciones específicas, y distinguir entre el enriquecimiento automatizado y la intervención humana.
La auditabilidad no implica una vigilancia constante. Establece una memoria estructurada. Cuando se producen cambios conceptuales, cuando se cuestionan las asignaciones o cuando se revisan las terminologías en respuesta a críticas, el registro de dichos cambios debe permanecer accesible. Esto facilita un debate informado y evita la normalización silenciosa de decisiones controvertidas.
Gobernanza de infraestructuras plurales
Los vocabularios plurales inevitablemente generan tensión. Distintas comunidades pueden definir conceptos superpuestos de maneras divergentes. Las comparaciones pueden afirmar equivalencias parciales o controvertidas. Por lo tanto, los mecanismos de gobernanza deben aclarar jurisdicción sin eliminar diferencias.
Esto puede lograrse mediante la documentación explícita de las funciones editoriales, ontologías de mapeo transparentes que expongan (en lugar de ocultar) la traducción conceptual, y alcances claramente articulados para cada vocabulario. En lugar de fusionar términos divergentes en una única estructura armonizada, los sistemas responsables pueden preservar la multiplicidad, a la vez que hacen inteligibles los límites de cada sistema.
La responsabilidad, en este contexto, no requiere uniformidad. Requiere claridad procesal.
De la intervención a la administración
Las entradas anteriores de esta serie pusieron el énfasis en la subversión, la estratificación y la reconfiguración de las infraestructuras dominantes. Estas acciones siguen siendo necesarias. Sin embargo, una vez que se establecen sistemas alternativos, entran en una fase diferente. Se convierten en instituciones por derecho propio, por pequeñas o distribuidas que sean.
El desarrollo institucional implica documentación, trazabilidad y procesos explícitos de revisión. Sin estos, los metadatos descentralizados pueden volverse inestables o internamente opacos. Con ellos, tanto la pluralidad como la legitimidad son sustentables.
La rendición de cuentas no es una concesión al control burocrático. Es la condición estructural que permite que la pluralidad epistémica perdure sin disolverse en la arbitrariedad. Si los metadatos funcionan como una interfaz política, su arquitectura debe visibilizar no solo lo que se dice, sino también cómo, por quién y bajo qué autoridad se dice.
Las infraestructuras de rendición de cuentas no resuelven las tensiones de la política de metadatos. Las hacen legibles. Y esa legibilidad es la base de una gobernanza responsable.